La extraña unidad de los panistas

Fue costumbre panista, en tiempo pasado, que sus aspirantes a candidaturas y sus respectivos seguidores pelearan con uñas y dientes por las nominaciones, sabiendo que llegadas las elecciones respectivas los de su grupo, los de sus adversarios políticos y los votantes que simpatizan con AN, formarían un solo bloque y les darían sus sufragios, pese a las diferencias, como pasó aquí en casos muy sonados de enemistades que superaban la simple contienda preelectoral y pasaban al plano personal.

No les fallaba, entregadas las candidaturas, las jornadas electorales sus grupos, sus militantes y los simpatizantes salían en bloque a sufragarles, muy al contrario de lo que desde los noventa pasó con los priístas, que comenzaron a ver cómo su partido se resquebrajaba y los no favorecidos se marchaban con sus activos políticos a algunos partidos de la oposición: pocas veces al PAN, muchas al PRD, o en ocasiones a fundar partidos como pasó en su día con Dante Delgado, fundador y dueño de lo que fue Convergencia y hoy es el Movimiento Ciudadano.

Así se explica cómo por decenas, destacados priístas que perdieron candidaturas comenzaron esos virajes políticos que hoy nutren a MORENA, con nombres como el Manuel Bartlett, Ricardo Monreal, Alfonso Durazo, Olga Sánchez, Marcelo Ebrard y los muchos etcéteras, en tanto que el panismo permanecía cohesionado por esa extraña noción de unidad, que de un tiempo para acá comienza a dar muestras de desgaste, pues ya son muchos los que sienten que el partido está secuestrado en su cúpula y que ya no existen mínimos de garantías democráticas para sus procesos internos.

En este contexto es que carecen de su antigua fuerza los llamados de unidad de algunos de sus líderes, tal es el caso de Marko Cortés, que luego de enfrentarse a su antiguo mentor Gustavo Madero, al ex gobernador Pancho Domínguez y llegar al extremo de insultar al mandatario estatal, Martín Orozco, reculan y hacen públicas y aireadas demandas de unidad, pues saben que necesitan el apoyo, para su causa personalísima, de aquellos que han quedado marginados de las decisiones partidarias justo por su proceder, que es y será causa de una desunión cada vez más visible.

Lo mismo hace aquí la ex alcaldesa Teresa Jiménez, quien forma parte de un grupo que se ha apoderado de la estructura local panista, grupo que ha avasallado y excluído a cualquiera que sienten fuera de su grupo, pero que ante los comicios del año entrante llama a la unidad, una unidad que su gente no ha tenido en mucha consideración, pero que saben que es necesaria ante el desafío de las elecciones estatales del año entrante, a las que pueden llegar debilitados si se mantienen decididos a marginar a aquellos que les recuerdan que no son ellos los únicos panistas en la entidad y que hay otras expresiones y otros personajes con aspiraciones para cuando lleguen los procesos para entregar candidaturas para los comicios del 2022.

No se equivoquen, les mandó decir hace días el senador Antonio Martín del Campo, poniendo en evidencia que esa antigua unidad monolítica del electorado y la militancia ya no se sostiene a fuerza de pronunciamientos del tipo: unidos todos, pero alrededor mío.

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